¿Quién cuidó de María tras la crucifixión de Jesús?
En los momentos finales de su vida, colgado de la cruz, Jesús mostró un amor profundo no solo por la humanidad, sino también por su madre, María. Aunque estaba sufriendo, no dejó de pensar en ella. Fue entonces cuando, viendo a Juan —uno de sus discípulos amados— de pie junto a María, le dijo: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Y a Juan: “Ahí tienes a tu madre” (Juan 19:26-27).
Este gesto no fue solo un acto de ternura, sino una responsabilidad espiritual y humana. Desde ese momento, Juan asumió el cuidado de María. Se cree que permaneció fiel a ese encargo, quedándose en Jerusalén para protegerla y acompañarla hasta el final de sus días. A diferencia de muchos otros apóstoles, Juan no murió como mártir en los primeros años del cristianismo. Su larga vida podría tener sentido en esta misión especial: ser custodio de la madre de Jesús.
La tradición cristiana sostiene que María vivió sus últimos años bajo el amparo de Juan, quien, a pesar de su ministerio creciente, nunca abandonó este deber. Algunas fuentes antiguas indican que María murió en Jerusalén, aunque hay otras tradiciones que señalan Éfeso como su última morada. Lo cierto es que Juan fue el único apóstol que no fue ejecutado, y su vínculo con María añade una dimensión única a su discipulado.
Cuidar a María no fue solo un gesto de piedad, sino un recordatorio de que el amor y la responsabilidad forman parte esencial del seguimiento de Cristo. Juan, el discípulo amado, lo entendió profundamente y lo vivió hasta el final.
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