El primer encuentro con Jesús resucitado
María Magdalena fue la primera persona en ver a Jesús después de su resurrección. Según el relato bíblico, ella fue al sepulcro de madrugada, llorando porque no encontraba el cuerpo de Jesús. Fue entonces cuando Él se le apareció, aunque al principio ella no lo reconoció. Pensaba que era el cuidador del huerto, hasta que Jesús pronunció su nombre: “María”. En ese momento, ella lo reconoció y se llenó de gozo.
Otro momento poderoso sucedió poco después en el camino a Emaús. Dos discípulos caminaban desconsolados, hablando de todo lo ocurrido en Jerusalén. Jesús se acercó y caminó con ellos, pero ellos no podían reconocerlo. Durante un buen rato, Jesús les explicó las Escrituras, mostrándoles cómo todo lo que había pasado se cumplía en Él. Fue solo al partir el pan, en la cena, que sus ojos se abrieron y comprendieron que era el Señor. En ese instante, Jesús desapareció.
Estos encuentros revelan algo hermoso: la resurrección no fue un hecho frío o distante, sino una experiencia personal y transformadora. Jesús no se apareció primero a los líderes religiosos ni a los poderosos, sino a quienes lo amaban: una mujer que había sido sanada, y dos seguidores anónimos en un camino polvoriento.
La historia de la resurrección sigue hablando hoy: Jesús se acerca a los que caminan con duda, con tristeza, con el corazón roto. Y muchas veces, aunque no lo reconozcamos al principio, está ahí, caminando a nuestro lado.
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