¿Quién sufre más en una infidelidad?
Cuando se rompe la confianza por una infidelidad, duele. Pero ¿quién lleva la peor parte: quien traiciona o quien es traicionado? No hay una respuesta sencilla, pero muchas veces el dolor no se reparte de forma equitativa.
La especialista señala algo que podría sorprender: el infiel, lejos de sentirse liberado o indiferente, a menudo carga con una culpa intensa. Ese peso emocional puede hacer que sufra profundamente, especialmente si aún quiere a la pareja que dañó. En algunos casos, el infiel incluso tolera maltrato o situaciones tóxicas solo para intentar recuperar el vínculo y volver a empatizar con la persona herida.
Este sufrimiento no justifica la traición, pero revela una paradoja emocional: quien falla también puede estar roto. Aun así, no todo sufrimiento es saludable. Soportar violencia psicológica o dinámicas asfixiantes bajo el pretexto de “compensar” el error solo profundiza el daño. La empatía no debe convertirse en martirio.
Por otro lado, el engañado vive un duelo real: el de la confianza, el de la ilusión, el de una realidad que ya no existe. Ese dolor es válido, profundo y necesario para sanar. Pero en medio del caos, muchas veces no se ve que el otro también está hundido en su propia tormenta.
La clave no está en comparar sufrimientos, sino en reconocer que ambos lados pueden estar heridos —aunque por razones distintas. La verdadera sanación comienza cuando se enfrenta la verdad sin justificar daños, se establecen límites, y se decide, entre los dos o por separado, qué merece ser reconstruido.
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