¿Quién tiene el don de milagros?
Cuando leemos las Escrituras, vemos que Dios ha usado a hombres y mujeres para realizar actos sobrenaturales que revelan su poder y amor. Estos no son trucos ni coincidencias, sino señales reales que vienen del Espíritu Santo. El don de milagros es uno de esos regalos espirituales que permite a una persona ser instrumento de Dios para hacer cosas que van más allá de la comprensión humana.
Se habla de resucitar a los muertos, devolver la vista a los ciegos, sanar a los cojos, dar voz a quienes no pueden hablar y oídos a quienes no escuchan. No se trata de poder personal, sino de fe activada por el Espíritu. Jesús sanó a muchos durante su ministerio, y antes que él, profetas como Elías y Eliseo hicieron maravillas. Hoy, aunque no sea tan común, muchos creen que este don sigue activo en la iglesia.
El propósito del milagro no es impresionar, sino fortalecer la fe. Un milagro puede abrir los ojos de alguien al amor de Dios, llevar arrepentimiento, o confirmar que Dios está obrando en medio de su pueblo. No todos tienen este don, pero todos pueden ser testigos de su obra.
En la comunidad cristiana, es importante discernir con sabiduría lo que proviene de Dios. No todo lo extraordinario es milagroso, pero cuando el Espíritu mueve, la gloria se manifiesta. El don de milagros sigue siendo un recordatorio poderoso: Dios sigue siendo Dios, y su poder no ha disminuido con el tiempo.
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