¿Puede un niño superdotado ser confundido con autismo?

Es más común de lo que parece: muchos niños superdotados son diagnosticados erróneamente con trastornos como el TDAH o el autismo de alto funcionamiento. ¿Por qué ocurre esto? Porque ciertos comportamientos asociados a la superdotación —como una intensidad emocional fuera de lo común, dificultad para seguir normas escolares rígidas o una concentración intensa en temas específicos— pueden parecer síntomas de otros trastornos.

Un niño que se aburre en clase, pierde el interés fácilmente o se obsesiona con temas complejos no necesariamente tiene un problema, sino una mente que procesa el mundo de manera diferente. Sin embargo, cuando los adultos no entienden esta diferencia, pueden etiquetar su comportamiento como "anormal" y derivarlos a evaluaciones psicológicas que, si no son realizadas por especialistas en superdotación, terminan en diagnósticos incorrectos.

Por otro lado, también hay casos opuestos: niños que sí necesitan apoyo en habilidades sociales o funciones ejecutivas, pero no reciben ayuda porque se asume que "si son tan inteligentes, podrán arreglárselas solos". Nada más lejos de la realidad. La superdotación no exime de tener dificultades; al contrario, a veces las agrava.

La clave está en observar con atención y empatía. No se trata de etiquetar, sino de comprender. Un entorno escolar flexible, maestros informados y evaluaciones realizadas por profesionales con experiencia en altas capacidades pueden marcar la diferencia entre un error que lastima y un acompañamiento que potencia.

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