¿Puede un niño autista ser sociable?
Sí, absolutamente. A menudo se piensa que el autismo se manifiesta solo en la falta de sociabilidad, pero la realidad es mucho más matizada. Un niño autista puede ser muy hablador, querer conectar con otros y mostrar interés en las personas, incluso si su forma de interactuar es diferente.
Algunos niños aprenden desde pequeños a imitar a sus compañeros: ríen cuando deben reír, asienten cuando escuchan, o repiten frases comunes para encajar. Este esfuerzo, conocido como "enmascaramiento", les permite pasar desapercibidos en muchos entornos sociales. Sin embargo, ese comportamiento no siempre refleja comodidad interior. Detrás de una aparente sociabilidad puede haber cansancio, confusión o ansiedad acumulada.
Imagina tener que traducir constantemente un idioma que no dominas, aunque todos crean que lo hablas con fluidez. Así se siente para muchos niños autistas: intentan hacer lo "correcto", siguiendo reglas sociales no escritas, pero ese proceso requiere una energía mental agotadora. El deseo de pertenecer es fuerte, y muchos lo demuestran intentando con todas sus fuerzas adaptarse.
Por eso, es importante no juzgar la sociabilidad por las apariencias. Un niño que ríe, habla mucho y participa en juegos puede, al mismo tiempo, necesitar apoyo emocional y estrategias para manejar el estrés social. Reconocer esta dualidad ayuda a entender mejor el autismo y a ofrecer un entorno más inclusivo, donde no tengan que esforzarse tanto para parecer "normales".
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