La respuesta corta es Jorge Eckstein. No es un descendiente de linaje colonial ni un funcionario del gobierno, sino un químico y empresario con una curiosidad casi patológica que, en 1985, compró una propiedad ruinosa en San Telmo con la intención de poner un restaurante. Lo que Eckstein encontró no fue solo humedad y ladrillos flojos, sino el acceso a un sistema hídrico subterráneo que redefinió la arqueología urbana de Buenos Aires. Él es el guardián de este laberinto.

El azar arqueológico y la obsesión de un visionario

Para entender la propiedad del Zanjón de Granados hay que retroceder a una Buenos Aires que se caía a pedazos por el abandono estatal. La casona de la calle Defensa 755 era un "conventillo" sentenciado a la demolición. Cuando Eckstein firma la escritura, lo hace adquiriendo un inmueble civil estándar, ignorando que bajo sus pies corría el Tercer Tercio, uno de los arroyos que drenaban la ciudad hacia el Río de la Plata. La tenencia aquí es un fenómeno híbrido: el suelo es privado, pero el patrimonio histórico que alberga es una herencia que Eckstein decidió gestionar sin subsidios externos.

El proceso de recuperación fue una quijotada técnica. Se extrajeron toneladas de escombros de forma manual, revelando cimientos del siglo XVIII y sistemas de cisternas que desafiaban la narrativa oficial del crecimiento porteño. La figura del dueño aquí trasciende lo legal; se convierte en una suerte de curador vitalicio. Eckstein no solo posee las escrituras, posee el relato de un cauce que fue cegado por la modernidad higienista de finales del siglo XIX. Su propiedad es, en esencia, una cápsula del tiempo recuperada del fango y la desmemoria.

Radiografía de una estructura que respira historia

El análisis de la titularidad del Zanjón revela una tensión constante entre el derecho privado y el interés público. A diferencia de otros sitios históricos expropiados por el Estado para su museificación, el Zanjón de Granados permanece en manos de la familia Eckstein bajo una gestión de museo privado. Esta autonomía permitió que la restauración no se viera frenada por la burocracia política, manteniendo una coherencia estética que muchos expertos califican de impecable. El análisis técnico de la estructura muestra muros de ladrillos de prensa y mezclas de cal que han sobrevivido a siglos de presión hídrica.

La complejidad del sitio radica en que no es un edificio estático. Al ser un antiguo lecho de río, la propiedad exige un mantenimiento que drena recursos de manera constante. El dueño ha implementado un sistema de visitas guiadas que financia la preservación, transformando un pasivo inmobiliario en un activo cultural de escala mundial. Es un ecosistema donde la propiedad se legitima a través de la conservación; si Eckstein dejara de cuidar el túnel, la humedad y el olvido reclamarían el espacio en cuestión de meses. Aquí, ser dueño significa ser el centinela de un río fantasma.

Trascendencia y realidades del patrimonio oculto

Las implicaciones prácticas de poseer un sitio de esta magnitud en pleno corazón de San Telmo son titánicas. Desde el punto de vista jurídico, el Zanjón de Granados opera bajo una protección patrimonial estricta que impide cualquier modificación estructural que altere su esencia arqueológica. Esto limita la rentabilidad comercial tradicional pero potencia su valor simbólico. Los propietarios enfrentan el desafío de equilibrar la afluencia turística con la fragilidad de los materiales originales, como las vigas de quebracho colorado que aún sostienen partes del techo.

Para el vecino o el inversionista, el caso de este predio funciona como un faro de lo que la iniciativa privada puede lograr en la recuperación del casco histórico. No se trata simplemente de cobrar una entrada, sino de gestionar una infraestructura que conecta con el sistema de túneles de la ciudad. El impacto económico en la zona ha sido masivo, revalorizando las propiedades linderas y posicionando a la calle Defensa como un eje de turismo de alta gama. Ser el dueño del Zanjón es, fundamentalmente, administrar una paradoja: un espacio privado que pertenece, por derecho emocional, a la identidad de todos los porteños.

Errores comunes y consejos de expertos al visitar El Zanjón

Al investigar o visitar El Zanjón de Granados, muchos cometen el error de considerarlo simplemente un museo de sitio arqueológico convencional. Uno de los fallos más habituales es ignorar que este espacio es una propiedad privada recuperada con capitales particulares, lo que condiciona la forma en que se preserva y se comunica su historia. Los expertos sugieren no acudir sin reserva previa, ya que el flujo de visitantes está estrictamente controlado para garantizar la estabilidad estructural de los túneles y muros del siglo XIX.

Otro consejo fundamental es no centrarse exclusivamente en la arquitectura. La verdadera riqueza del lugar reside en la estratigrafía social: la capacidad de leer cómo la élite abandonó el sur tras la epidemia de fiebre amarilla, permitiendo que la mansión de los Mina se transformara en un inquilinato. Jorge Eckstein, el artífice de la recuperación, siempre enfatiza que el valor no está en los objetos hallados, sino en el vacío de los túneles que cuentan la gestión del agua en la antigua Buenos Aires. Se recomienda dedicar tiempo a observar los sistemas de cisternas, que son los mejores conservados de la región.

Preguntas Frecuentes

¿Es posible visitar el sitio de forma independiente?

No. Dado que se trata de un recinto privado con estructuras subterráneas complejas, el acceso está permitido únicamente mediante visitas guiadas programadas. Esto asegura que el relato histórico sea fidedigno y que se respeten las normas de seguridad necesarias para transitar bajo el nivel de la calle en el barrio de San Telmo.

¿El Estado argentino tiene participación en la propiedad?

Aunque el sitio ha sido declarado de interés cultural, la titularidad y la gestión financiera recaen totalmente en la familia Eckstein. El Estado supervisa la conservación patrimonial a través de organismos de protección histórica, pero no interviene en la explotación comercial ni en el mantenimiento diario del complejo museológico.

¿Qué relación tiene con la Casa de Castagnino?

Ambas estructuras forman parte de la misma manzana y del mismo proyecto de recuperación integral. Mientras que El Zanjón revela la historia hidráulica y habitacional, la Casa de Castagnino complementa la visión del dueño sobre el lujo porteño de finales del siglo XVIII, permitiendo una comprensión total de la manzana histórica.

Veredicto Editorial

El Zanjón de Granados es el testimonio vivo de que la pasión individual puede salvar el patrimonio nacional. Su dueño no solo adquirió un inmueble, sino que rescató la memoria invisible de Buenos Aires. Mi conclusión es que este sitio es la referencia máxima de arqueología urbana en Sudamérica; una visita obligatoria para entender que, bajo el asfalto moderno, aún fluye la identidad de una ciudad que se construyó sobre sus propios sedimentos.