El orden tradicional del pesebre según la tradición cristiana
Montar el pesebre es una de las costumbres más entrañables de la Navidad. Más allá de su belleza, cada figura tiene un lugar simbólico que refleja el sentido profundo de la celebración. Según la tradición, el Niño Jesús debe colocarse en el centro de la escena, como centro de la fe y del acontecimiento navideño.
A sus lados, justo al lado del portal, se ubican María y José, representando la Sagrada Familia. Su presencia resalta el amor, la protección y la humildad con la que acogieron el nacimiento de Jesús en un establo de Belén.
Un poco más alejados, pero siempre mirando con reverencia hacia el centro, están los Reyes Magos. Aunque históricamente llegaron días después del nacimiento, su lugar en el pesebre simboliza la adoración de todos los pueblos ante Cristo. En muchas tradiciones, sus figuras se van acercando poco a poco hasta el 6 de enero, día de la Epifanía.
En una tercera línea, rodeando la escena principal, se colocan los animales —como el buey y la mula— y otras figuras populares: pastores, aldeanos o incluso elementos del paisaje navideño. Estos representan a la humanidad entera que, desde su sencillez, también celebra el misterio del nacimiento.
Este orden no es solo estético, sino una forma de vivir la Navidad con sentido. Cada figura, cada detalle, invita a reflexionar sobre el verdadero centro de la fiesta: el amor que vino al mundo en forma de niño.
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