¿SLES o SLS? Conoce la diferencia clave

Si alguna vez has mirado la lista de ingredientes de tu champú, gel de ducha o limpiador facial, seguramente te has topado con términos como laureth sulfato de sodio (también conocido como SLES) y lauril sulfato de sodio (SLS). Ambos son tensioactivos comunes, es decir, sustancias que ayudan a eliminar la grasa y formar espuma. Sin embargo, no son iguales ni en su composición ni en su impacto.

Ambos derivan de recursos no renovables, como el petróleo o el aceite de palma, y su producción plantea interrogantes desde el punto de vista ecológico. Aunque técnicamente se dice que no son biodegradables en condiciones estándar, hay una diferencia importante: el SLES puede descomponerse más fácilmente en contacto con la luz solar y el oxígeno. Esto significa que, con las condiciones adecuadas, su paso por el medio ambiente es menos duradero.

Por otro lado, el SLS es más resistente y puede persistir en ríos y suelos durante mucho tiempo, lo que aumenta el riesgo de acumulación tóxica y daño a los ecosistemas acuáticos. Además, es más agresivo con la piel, lo que lo hace menos recomendable para pieles sensibles.

En resumen, aunque ninguno es perfecto, el SLES se considera una opción ligeramente más amable con el entorno que el SLS. Eso sí, si buscas productos realmente sostenibles, lo mejor es optar por fórmulas libres de ambos ingredientes, basadas en tensioactivos vegetales y biodegradables por naturaleza.

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