¿Es religiosa la canción "Hallelujah" de Leonard Cohen?
La famosa balada "Hallelujah" de Leonard Cohen suele evocar emociones profundas, y su título en hebreo —que significa "Gloria a Dios"— invita naturalmente a pensar en un contexto sagrado. Pero la intención detrás de la canción no es tan sencilla como parece.
Cuando Cohen la grabó por primera vez, ya con 50 años, no la vio como un himno religioso, sino como una expresión vital. Dijo que era "bastante alegre" y que nació de "un deseo de afirmar mi fe en la vida, no de una manera religiosa formal, sino con entusiasmo, con emoción". Para él, la palabra "aleluya" no pertenecía únicamente a los templos. Podía ser un grito de amor, de dolor, de belleza rota, de simple humanidad.
Cohen mismo lo resumió mejor: "Hay un aleluya religioso, pero hay muchos otros". La genialidad de la canción está justamente en esa dualidad: mezcla referencias bíblicas —como la historia de David y Betsabé— con versos que hablan del amor humano, del deseo, de la pérdida. No se trata de negar lo sagrado, sino de ampliarlo.
Por eso "Hallelujah" trasciende las iglesias. Puede sonar en un velorio, en una boda, en un momento de soledad profunda, y seguir teniendo sentido. No es una canción sobre la religión, sino sobre el alma. Y en ese terreno, el "aleluya" de Cohen pertenece a todos los que alguna vez gritaron al vacío y encontraron, aunque fuera por un instante, una chispa de luz.
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