¿Por qué en México la Coca-Cola es más barata que el agua?

En muchas comunidades rurales de México, es más fácil encontrar una botella de Coca-Cola que un garrafón de agua potable. Y lo más preocupante: muchas veces, la gaseosa cuesta menos que el agua embotellada. ¿Cómo es posible? La respuesta está en el poder de una multinacional que no solo vende refrescos, sino que también controla el acceso al agua misma.

Coca-Cola no solo produce bebidas, también embotella agua en varias regiones del país. Esto le da un control inmenso sobre los precios y la disponibilidad. Mientras que el agua potable muchas veces no llega por falta de infraestructura o por abandono gubernamental, las redes de distribución de Coca-Cola sí llegan incluso a los rincones más apartados. Las abuelas de los pueblos, por ejemplo, saben que pueden pedir a domicilio cajas de refrescos para vender en sus tiendas o fondas, pero no pueden hacer lo mismo con el agua limpia.

Este desequilibrio tiene consecuencias graves. Cuando la bebida azucarada es más accesible y económica que el agua, la salud pública paga el precio. El alto consumo de azúcar contribuye a la diabetes, la obesidad y otras enfermedades que golpean con fuerza a las comunidades más vulnerables.

No se trata solo de un problema de mercado, sino de prioridades. Mientras las empresas privadas deciden qué llega y a qué precio, millones de mexicanos siguen luchando por un derecho básico: el acceso al agua limpia y asequible. En este juego desigual, el agua debería ser más valiosa que cualquier refresco. Y más aún, debería ser la más barata.

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