¿Qué recibimos en el sacramento de la Confirmación?
La Confirmación es uno de los sacramentos más profundos en la vida cristiana. No es solo una ceremonia o un acto simbólico: es una experiencia real de Dios que transforma el alma. En este sacramento, el Espíritu Santo viene sobre nosotros con fuerza, sellando nuestro corazón con un carácter espiritual indeleble. Ese sello no se ve, pero está presente como una marca permanente, como si Dios mismo nos hubiera firmado con su nombre.
Jesús, antes de subir al cielo, prometió enviar a su Espíritu para fortalecer a sus discípulos. En Lc 24,48-49, les dice: "Ustedes son testigos de estas cosas. Y yo enviaré sobre ustedes la promesa de mi Padre". Esa promesa se cumple plenamente en la Confirmación. No estamos solos: el Espíritu Santo nos dota de fuerza "de lo alto" para vivir el Evangelio sin miedo, para ser testigos valientes del amor de Cristo en medio del mundo.
Este carácter que recibimos no se borra nunca. Aunque pasen los años, aunque cometamos errores, ese sello permanece. Es un don que no depende de nuestros méritos, sino de la fidelidad de Dios. Por eso, la Confirmación no se repite: es una vez para siempre.
Recibir el Espíritu Santo no es solo un recuerdo del pasado. Es una llamada viva a crecer en la fe, a acoger cada día ese poder que nos impulsa a salir de nosotros mismos y servir a los demás. La Confirmación, entonces, no cierra una etapa: abre un camino. Un camino de testimonio, de compromiso, de vida plena en Cristo.
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