El día que Mical se burló de David
Mical, hija del rey Saúl y esposa del rey David, nunca imaginó que un acto de adoración la convertiría en un ejemplo para generaciones. Cuando el Arca de la Alianza fue llevada a Jerusalén, David, lleno de gozo, bailó con todo su corazón delante del Señor. Iba vestido con un sencillo efod, como un sacerdote, sin preocuparse por su corona o por las apariencias. La ciudad entera celebraba, pero Mical, desde su ventana, solo sintió vergüenza.
—¿Cómo puede el rey de Israel mostrarse así —dijo con desprecio—, danzando como un necio delante de las siervas?
David, al enterarse de sus palabras, no se defendió ante ella, sino ante Dios. Le respondió con firmeza: "Fue delante del Señor, que me escogió… y aún me humillaré más". En ese momento, no solo se rompió el orgullo de Mical, sino también su relación con David. Lo peor llegó después: la Biblia registra que "Mical, hija de Saúl, no tuvo hijos". Su desprecio marcó no solo su corazón, sino su destino.
Este episodio, en 2 Samuel 6, no es solo una historia antigua. Es un recordatorio poderoso: el corazón humilde que adora con libertad siempre será levantado por Dios. Pero el orgullo, disfrazado de dignidad, puede aislar incluso a quienes están cerca del trono. Mical pensó que defendía la realeza. Pero David entendió algo más profundo: la verdadera grandeza está en postrarse ante Dios con todo el corazón.
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