Si sufres dolor articular persistente, la respuesta corta a qué no debo comer si tengo artrosis en la rodilla es contundente: debes eliminar los azúcares refinados, las grasas trans, el exceso de sal y los alimentos ultraprocesados que disparan la inflamación sistémica. Estos productos actúan como gasolina en una hoguera, acelerando el desgaste del cartílago y aumentando la rigidez matutina. El problema es que la dieta occidental moderna está diseñada para inflamar, por lo que entender la conexión entre tu plato y tu rodilla es el primer paso para recuperar la movilidad perdida. No se trata de comer menos, se trata de comer para no chirriar.