Cómo se interrumpe la prescripción de una deuda

La prescripción es un mecanismo legal que hace que una deuda desaparezca si no se reclama durante un tiempo determinado. Sin embargo, este plazo no es inamovible: puede interrumpirse de varias formas, evitando así que el deudor se quede sin pagar.

La forma más directa de interrumpir la prescripción es presentar una demanda ante los tribunales. En el momento en que el acreedor inicia una acción judicial, el reloj de la prescripción se detiene. Esto da un nuevo impulso al derecho a reclamar, permitiendo que el proceso continúe incluso si ya había pasado parte del tiempo límite.

Pero no es necesario llegar a los tribunales para interrumpir la prescripción. También basta con que el acreedor reclame la deuda de forma extrajudicial, es decir, mediante una notificación formal, burofax o carta certificada. Lo importante es que quede constancia de que se ha ejercido el derecho a cobrar.

Otra manera es que el deudor reconozca la deuda. Esto puede ocurrir si paga una parte, firma un documento aceptando su obligación o incluso si envía un mensaje admitiendo que debe el dinero. Cualquier acto que demuestre que el deudor reconoce su responsabilidad vuelve a poner en marcha el cómputo del plazo.

Es importante saber que, al interrumpirse la prescripción, el tiempo ya transcurrido no cuenta más. Se empieza desde cero, lo que da al acreedor un nuevo periodo para reclamar. Por eso, tanto deudores como acreedores deben estar atentos a estos detalles, especialmente en deudas que parecen olvidadas.

Conocer estas reglas ayuda a actuar a tiempo, ya sea para reclamar lo que se debe o para protegerse ante reclamaciones que podrían haber prescrito.

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