El dolor nociceptivo: el malestar más común que experimentamos

Todos hemos sentido dolor en algún momento, ya sea por un golpe accidental, una quemadura ligera o un torcedura mientras hacemos deporte. Lo que quizás no sepa la mayoría es que esta experiencia cotidiana tiene un nombre científico: dolor nociceptivo. De hecho, se trata de la forma de dolor más habitual en los seres humanos y funciona como un mecanismo de defensa esencial de nuestro cuerpo.

Según la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP), este tipo de dolor se define como aquel que surge del daño real o potencial a tejidos no neuronales, activado directamente por unos receptores sensoriales específicos llamados nociceptores. En términos sencillos, cuando estos receptores detectan una amenaza o una lesión física, envían una señal de alarma al cerebro a través del sistema nervioso para advertirnos del peligro.

Para comprenderlo mejor, el dolor nociceptivo se divide principalmente en dos grandes categorías:

Por un lado, encontramos el dolor somático, que se origina en la piel, los músculos, las articulaciones o los huesos. Es un dolor localizado, fácil de señalar con la mano, como el que sentimos tras un esquince o un corte en un dedo.

Por otro lado, está el dolor visceral, que proviene de los órganos internos como el estómago, los pulmones o el intestino. A diferencia del somático, suele ser más difícil de precisar y a menudo se percibe como una presión, un cólico o un malestar difuso e impreciso.

Reconocer el tipo de dolor que sufrimos es clave, ya que permite a los profesionales de la salud identificar la causa subyacente y aplicar el tratamiento más efectivo para aliviarlo.

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