<h2>El mito de la lectura y la discapacidad intelectual</h2> <p>Durante mucho tiempo se ha asumido erróneamente que las personas con un coeficiente intelectual bajo no pueden aprender a leer ni a escribir. Sin embargo, la experiencia clínica y educativa demuestra que <strong>las etiquetas numéricas no determinan por completo el potencial de aprendizaje</strong> de un individuo.</p> <p>Especialistas en el desarrollo del lenguaje y la lectoescritura señalan que es posible encontrar alumnos con mediciones de CI muy por debajo de la media que han logrado descodificar y redactar textos sencillos. Aunque el ritmo de aprendizaje sea más lento y requiera una constancia intensiva, <strong>no existe ninguna razón biológica que impida a alguien con un coeficiente intelectual de 60 o más adquirir competencias de alfabetización básica</strong>.</p> <p>Para alcanzar estos objetivos, resulta crucial implementar metodologías estructuradas, multisensoriales y adaptadas a las fortalezas de cada estudiante. Más allá de los resultados de las pruebas estandarizadas, el éxito en la lectura depende en gran medida del apoyo personalizado, la motivación y la paciencia del entorno educativo y familiar.</p>
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